
“Nuestra retina no es transparente, ni para mirar…ni para que nos miren” (Gonzalo)
Que tan frecuente nos explicamos a los otros, y consiguientemente a nosotros mismos, interesante desafío de los días previos y que a través de nuevas provocaciones nos pone la tarea de retratarnos con objetos significativos para lo que nos constituye como personas, aquí y ahora.
Somos permanentemente cambiables, sostiene Gonzalo respondiendo a esta invitacion, los contextos varían, incluso el pasado que se jacta de inmutable es trastocado cotidianamente, cuando lo asimos desde un lugar o de una época determinada.
Los ideales adquieren la forma que el contexto permite.
“No estoy seguro que mis causas me acompañen en el futuro… hay tanta gente grande que se comprometió y luego termino amando a unos y odiando a otros…” , no obstante , “hay señales que permanecen y que nos orientan para no confundirnos en la memoria de otros.”
Esta mirada, puede leerse cargada de fatalismo, sin embargo y en contraposición, a pesar de lo mutable de la vida, hay procesos que llegan a puertos interesantes aun cuando no sean aquellos que nos fijamos originalmente. La pregunta en este caso es acerca del valor que le asignamos a los lugares a los que nos llevo la noche, el viento o la marea.
Detenerse ante la idea de que todo esta hecho y no hay nada que cambiar resulta extremadamente desafiante.
La angustia es parte de la existencia
Todas las dimensiones de la vida están llevadas al extremo, en la posibilidad de destruir o reinventar todo.
La vida es una permanente disputa de imaginarios, imaginarios que en tanto construcciones, nos convocan a desplegar esfuerzos creativos para subvertir los espacios y los ánimos dormidos.
Hay luchas que podemos dar para reconquistar sentidos y activar los ánimos bajo dominio, podemos entusiasmar con la sistematización de nuestras propias prácticas, podemos contagiar o al menos sembrar dudas.
Romper esquemas y explorar lo inédito no esta tan lejos, una raya en la camisa marca la diferencia con la uniformidad, el uno por ciento que transformamos resulta profundamente revolucionario, interesante motivación para entusiasmar y entusiasmarse en la construcción de nuevos principios.
¿Donde esta lo vital en lo que nos llevamos o en lo que dejamos instalado?
En la comunidad existen múltiples lazos que nos atan a unos con otros, de ese modo se constituye nuestra identidad, pero con frecuencia esas redes nos ahogan y queremos salir a construir algo nuevo. Entonces nos marchamos dejando nuestras instalaciones y con ellas buena parte de nuestra filiaciones, que son el antídoto contra el desarraigo.
Marchamos por la vida compartiendo legados, vivimos y nos comunicamos a través de redes pero lo que nos constituye no es la red , la tecnología afirma nuestro dialogo pero no es dialogo, y sin embargo al tomar distancia del que fuera nuestro mundo , sufrimos la soledad de estar fuera del universo, de la carencia identitaria .
Patricio Rivera Moya
Periodista
Equipo de Comunicación Social de Base
ECO Educacion y Comunicaciones
www.ongeco.cl
